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domingo, octubre 01, 2006

Romero y su Cátedra de Historia Social (2004)

ROMERO y su CATEDRA de HISTORIA SOCIAL por Eduardo R. Saguier A propósito del mensaje del Prof. Tomás Buch y del reenvío de la carta del Prof. Luis Alberto Romero no puedo callar lo que a mi modesto entender consiste en una campaña que persigue intereses puramente personales, que nada tienen que ver con la excelencia de la docencia universitaria ni con las libertades de cátedra. El caso del Prof. Luis A. Romero viene a integrarse a un campo de luchas mezquinas por el control del aparato docente universitario. El Prof. Romero no es nada ajeno a esa mezquindad política ni él es una inocente víctima de prácticas sectarias y excluyentes. En principio, el Prof. L. A. Romero carece de las credenciales éticas mínimas con las que debieran estar dotados los integrantes del claustro docente, por cuanto fue durante el Proceso un asiduo colaborador con firma del diario Convicción, perteneciente al Almte. Emilio Eduardo Massera, así como colaborador del Brigadier Cacciatore, a quien sirvió bajo contrato en la comuna porteña redactando los módulos de la educación primaria. En cuanto a las credenciales académicas del Prof. L. A. Romero, se debe destacar el antecedente que dicho profesor carece de la imprescindible experiencia en materia investigativa, que haya dotado a su producción intelectual de la necesaria originalidad, pues jamás concurrió a archivo alguno, y desconoce supinamente como se trabaja con fuentes primarias, documentales, manuscritas e inéditas. Por otro lado, se insiste en confundir al Prof. L. A. Romero con el prestigio de su padre, el Prof. José Luis Romero, como si la conducta, la integridad moral y la capacidad intelectual de este último fueran susceptibles de herencias y legados familiares o dinásticos, o de una suerte de nepotismo retrospectivo. Más aún, el Prof. L. A. Romero apela a una solidaridad indigna, pues tanto él como sus acólitos, fueron desde hace décadas cómplices en la construcción de un aparato clientelístico, prebendario, corporativo, patriarcal y monopolístico a escala nacional, que ha venido socavando la democracia universitaria y la producción científica y académica al extremo de su eventual desaparición. Finalmente, debemos destacar también que este nocivo mandarinato o nomenklatura, al que pertenece el Prof. L. A. Romero, se ha caracterizado por privilegiar el control de aquellas cátedras tradicionalmente cercanas al ejercicio del poder político burocrático, tales como las de Historia Social General, Historia Argentina e Historia Latinoamericana. La hipertrofia de estas cátedras ha ido en perjuicio directo del conocimiento de otras áreas del quehacer historiográfico, tal por ejemplo el mundo árabe e islámico, al extremo que en este momento crucial de la historia universal se carece en el país de un conocimiento académico de sectores claves de la población mundial. Cordialmente, Eduardo R. Saguier Investigador Independiente del CONICET Carta de Tomás Buch sobre Luis A. Romero Estimados co-listeros: en lo personal, me limito a retransmitir este mail, recibido de otra fuente. Tampoco conozco a Issay Klasse. Estoy alejado del ambiente universitario, pero tratándose de Luis Alberto Romero, el caso denunciado -por otra parte, fácilmente comprobable o refutable-me parece lo suficiente grave como para ponerlo en conocimiento de la lista, muchos de cuyos integrantes deben tener información de primera mano sobre el tema. Desgraciadamente, no es la primera vez que se ponen de manifiesto este tipo de situaciones degradantes del necesario nivel académico de nuestras universidades públicas, mientras se habla cada vez más de la "sociedad del conocimiento", no solamente en el resto del mundo. Tomás Buch Fuente: Lista de Discusión Pol-Cien, 6 de abril de 2004

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