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martes, octubre 03, 2006

Obediencia Militar y Razón de Estado (1985)

San Martín y la obediencia militar (La Nación-31-VII-1985) Señor Director: “A propósito del debate suscitado con motivo de los alcances de la obediencia en la esfera militar, cumplo en remitirle adjunto, fotocopias de los textos pertinentes de la Historia de San Martín y de la Independencia Sudamericana (Cap.V, Sec.VII, p.192/196) del general Bartolomé Mitre, así como de sus Obras Completas (Vol.I, Cap.V, Sec.VII, p.278/281 y 335). “El coronel español Antonio Landívar fue apresado por las huestes del general Belgrano en el Alto Perú. El general San Martín mandó procesarlo, según sus propias palabras, “no por haber militado con el enemigo en contra de nuestro sistema, sino por las muertes, saqueos, violencias, extorsiones y demás excesos que hubiese cometido contra el derecho de la guerra”. En efecto, Landívar había sido uno de los agentes más despiadados de las venganzas de Goyeneche. “Reconocidos los sitios donde se cometieron los excesos y levantaron los cadalsos por orden de Landívar, se comprobó la ejecución de 54 prisioneros de guerra cuyas cabezas y brazos habían sido cortados y clavados en las columnas miliarias de los caminos. El acusado declaró que sólo había ajusticiado 33 individuos contra todo derecho, alegando en su descargo haber procedido así por órdenes terminantes de Goyeneche, que exhibió originales. Las directivas escritas del alto mando español lo autorizaban a tomar esas medidas, no contra los soldados de la Independencia sino contra todo civil “simpatizante o colaborador” (como decía San Martín, contra los revolucionarios”). “Pero el Libertador comprendió la diferencia y no le tembló la mano para hacer justicia. Así lo expresó al gobierno en su comunicación: “Aseguro a V.E. que a pesar del horror que tengo a derramar la sangre de mis semejantes, estoy altamente convencido de que ya es de absoluta necesidad el hacer un ejemplar de esta clase. Los enemigos que se creen autorizados para exterminar hasta la raza de los revolucionarios, sin otro crimen que reclamar estos, los derechos que ellos les tienen usurpados. Nos hacen la guerra sin respetar en nosotros el sagrado derecho de las gentes, y no se embarazan en derramar a torrentes la sangre de los infelices americanos. Al ver que nosotros tratábamos con indulgencia a un hombre tan criminal como Landívar, que después de los asesinatos cometidos aún gozaba de impunidad bajo las armas de la patria y, en fin, que sorprendido en una transfugata y habiendo hecho resistencia, volvía a ser confinado a otro punto en que pudiese fomentar como lo hacen sus paisanos el espíritu de oposición al sistema de nuestra libertad, creerían como creen que esto más que moderación era debilidad y que aún tenemos el azote de nuestros antiguos amos”. “La defensa del coronel Antonio Landívar fue hecha con toda libertad y energía por un oficila de Granaderos a Caballo, quien refutó con argumentos vigorosos las conclusiones del fiscal de la causa, invocando el principio de fidelidad que debía a sus banderas aún cuando fuesen enemigas, y la inviolable obediencia que debía a sus jefes, tratando de ponerlo bajo la salvaguardia de los prisioneros de guerra. “Tal es la causa que con sentencia de muerte fue elevada a San Martín el 15 de enero de 1813, y que él, con la misma fecha ordenó ejecutar, escribiendo de su puño y letra “cúmplase” sin previa consulta al Gobierno, como era de regla. “Aquí supo San Martín discernir entre lo que es guerra y lo que es torturar y asesinar a civiles indefensos; entre cumplir órdenes de las leyes militares y órdenes de represión y exterminio inhumanas” Eduardo R. Saguier Director del Instituto de Historia Argentina y Americana-UBA Fuente: La Nación-31-VII-1985 San Martín y su misión (La Nación-4 de agosto de 1985) Señor Director: El señor Eduardo Saguier, director del Instituto de Historia Argentina y Americana de la UBA, publicó una carta de lectores en La Nación del 31-7-1985, sobre el tema “San Martín y la obediencia militar”. Ante semejante tema, exhumado en este momento y planteado sin atenerse al sistema interior de las ideas puestas en juego, no se respetaría ningún principio de equidad ni de justicia si quedase sin respuesta. “El mencionado director historiográfico se mueve en el ámbito de los episodios, y cuando tropieza con la idea fundamental, se limita a trascribirla como a un párrafo más, resbalando así sobre ella sin advertir su cariz dominante. “El quid del comportamiento de San Martín tiene su raíz en el último párrafo que del héroe trascribió el señor Saguier: si no se fusilaba al coronel Landíbar “…creerían como creen, que esto, mas que moderación era debilidad, y que aún tenemos el azote de nuestros antiguos amos”. “Es decir, que San Martín tenía una misión cardinal: asegurar el triunfo de su ejército emancipador, pero ese triunfo dependía de las “creencias”, de lo que “creerían” los soldados realistas, y fundamentalmente, sus propios soldados y la opinión americana. Entonces tomó la decisión que inclinaría ese estado de creencias a favor de su misión cardinal. San Martín no era un teólogo dedicado a especulaciones casuísticas sino el conductor de un ejército emancipador. “Idéntico fue el móvil de Bolívar en una situación idealmente análoga, aunque los episodios hayan sido distintos. Al llegar a la ciudad de Trujillo percibió en sus huestes una sorda reticencia desde que los realistas fusilaban a los prisioneros criollos sin que se diera lo contrario. Bolívar no sólo ordenó la retorsión sino que lanzó su célebre proclama de la “guerra a muerte”, que cumplió al pie de la letra hasta con el civil realista “que no conspire a favor de la causa justa” (Historia de S. M. de Mitre-t.III, p.110). Lo que mereció este comentario de Mitre: “Nadie, fuera de los españoles, lo ha considerado un acto de ferocidad personal, lo que no estaba en su naturaleza elevada y magnánima” (La de Bolívar). “Los ejemplos anteriores muestran el peso primario que tiene, en la decisión del comandante militar, lo que le prescribe su misión suprema. Tal lo ocurrido también en la Segunda Guerra Mundial, cuando los líderes de la libertad y de la democracia”, jaqueada su misión fundamental, ordenaron dos ataques a ciudades japonesas con bombas atómicas –holocausto humano apocalíptico—órdenes que los pilotos encomendados cumplieron, como el coronel Landívar, con obediencia militar ejemplar. Y todos contaron y cuentan con la aprobación masiva de sus respectivos pueblos. “No es loable, pues, la actitud del señor Eduardo Saguier quien, sin tener ideas claras de historia militar y, consecuentemente, malinterpretando a San Martín, pretende nada menos que usarlo para mancillar las propias progenies castrenses del Padre de la Patria y la institución que él fundó”. Abel U. de la Vega Coronel ® Santa Fé 1394 Capital Fuente: La Nación-4 de agosto de 1985 La Obediencia Militar bajo regimenes absolutistas "Un periodista del periódico El Diario, que firmaba bajo el seudónimo de Yaro, incorporó la distinción entre obediencia pasiva y obediencia reflexiva, reproduciendo fragmentos de un discurso sobre la disciplina que posiblemente deben haber pertenecido a Bartolomé Mitre. Dichos fragmentos textualmente rezaban: “…La obediencia pasiva, se dice es la ley del soldado: mentira¡ En tiempos de Felipe II, en tiempos de la Inquisición, cuando todo llevaba el sello de lo que había sido el Imperio Romano en sus horas de degradación, cuando lo absorbía todo el señor del terruño; cuando no había mas que el rey, la horca y el cuchillo, entonces la obediencia era pasiva”.1 Pero después de “…la emancipación del espíritu humano [la Ilustración], la obediencia fue reflexiva y no pasiva”.2 En efecto, en tiempos de la Inquisición y del Sacro Imperio Romano-Germánico, anteriores a la vigencia del Iluminismo, la obediencia militar era pasiva pues era feudataria de la obediencia a la ley divina. La ley divina no toleraba contradicción, “…ni conoce contraparte, ni ninguna ley divina que pudiera contradecirla, ni ninguna otra instancia política, religiosa o moral que pudiera exceptuarse fundamentalmente de su dominio”.3 Como ley en virtud de autoridad divina, “…demanda obediencia absoluta; en primer lugar, en lo que hace a su ámbito y alcance, o, de manera extensiva: obediencia que no omite ninguna esfera de la vida –de lo contrario el hombre sería el juez por sobre la jurisdicción de la ley--, y que no distingue entre centro y periferia, entre mandatos prescindibles e imprescindibles de la ley –de lo contrario el hombre sería el juez por sobre el carácter obligatorio de los mandatos de la ley y sobre la importancia o la valencia de sus partes con miras a su propio bien--: por el bien, el hombre aspira a una ley que exige obediencia ilimitada, a la que en cada caso en particular debe subordinar su interés particular, a la que debe traspasar la decisión final sobre aquello que es bueno para él”.4 Notas 1.- Punto Negro. Las Penas Militares, por Yaro (El Diario, 13-VIII-1890), Este párrafo es parte del Cap. 8 de la Genealogia de la Tragedia Argentina, que a su vez constituye el tomo XV de Un Debate Histórico Inconcluso en la América Latina. http://www.er-saguier.org 2.- Punto Negro. Las Penas Militares, por Yaro (El Diario, 13-VIII-1890), 3. Meier, Heinrich (2006): Leo Strauss y el problema teológico-político (Buenos Aires: Katz Editores), p.106 4. Ibidem Razón de Estado para legitimar el Genocidio por Carlos Tobal Es una perla la derivación que --desde San Martín-- hace el Coronel Abel de la Vega para legitimar las bombas de Hiroshima y Nagasaki; es la razón de Estado que legitimaría el genocidio; sería el revés activo de la obediencia debida: ya no para impunidad de los subordinados; sino que da razón al jefe para decidir los exterminios. De ahí deriva el principio de la guerra preventiva de Bush; que habría que chequear si no se basa también en Leo Strauss. En ese punto Kelsen y Schmitt en la época de la constitución de Weimar estuvieron de acuerdo (se discutía el art. 48, especie de decretos de necesidad y urgencia que autorizaba la supresión de toda una ciudad en caso de necesidad). Creo que filosóficamente el tema deriva de la lógica formal neokantiana. La diferencia entre fondo y forma. La forma es considerada como límite del contenido; y es lo que legítima al contenido. Ergo: en derecho si una norma es dictada guardando las formas, sería legítima. Por lo contrario, hay una vuelta a Spinoza que indica que el límite no está en la forma sino en la acción. En las clases de Gilles Deleuze sobre Spinoza, que se titula "En medio de Spinoza" (editorial Cactus; de mayo 2006), debe haber una clave que dé la diferencia entre ordenar el fusilamiento a un genocida (o de un asesino político-serial como fue el caso de Landívar) y la legitimidad de un exterminio alegando el estado de necesidad (Hiroshima, Nagasaki). Una cosa es la excepción defensiva de la auto-conservación, Spinoza decía "cada uno se esfuerza cuanto está a su alcance por perseverar en su ser" (fijarse el límite no está en la forma a priori sino en el "alcance" práctico del perseverar) y otra el exterminio en pro del "espacio vital" para la expansión imperialista. Pero lo que da fundamento a la razón de Estado es esa diferenciación entre fondo y forma. Parece ser que era ya un defecto de Platón y el mundo griego. Pienso que más que en la búsqueda del bien lo que caracteriza a una conducta cómo ética es su relación con el perseverar del ser. De ahí, la irracionalidad del capitalismo en cuanto conduce a la alienación de las mayorías, al extermino económico y guerrero, y a la destrucción del planeta. Estoy pensando en el uso que los militares hacen de la subordinación y el valor pero como sinónimos. Carlos Tobal

6 Comments:

At 10/05/2006 01:36:00 a.m., Blogger Askinstoo said...

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At 1/05/2009 02:56:00 a.m., Blogger Lucia Landivar said...

Su nota es totalmente parcialisada porque el coronel Landivar en forma conjunta con el general Aguilera siempre fueron leales a la corona Española. Y dentro de esa lealtad vencieron al Argentino Warnes en la batalla del Pari, quien se enocntraba como gobernador de lo q es ahora la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Al coronel Landivar lo denominaban el desorejador, poorque perdonaba a sus prisioneros y enemigos, cortandoles parte de la oreja para identificarlos, enviandoselas al rey de españa. Nunca fue asesino y menos traidor a sus creeencias y a su rey, por el contrario demostro su valentia contra intereses de criollos y mestisos commericantes q no buscaban la libertad de sus pueblos si no el poder y su enriquecimiento a traves de el mismo. Cualquier Argentino siempre opinara interesadamente del coronel Antonio Landivar porque termino co el invasor Warnes en la Republiqueta de Santa Cruz BoLIVIA.

 
At 1/08/2009 12:21:00 a.m., Blogger Lucia Landivar said...

oseaaa, pq no investigas un pococ antes de hacer semejante articula sobre el coronel Antonio Landivar. Un hombre tan culto como usted deberia saber mejor, pero claro, esto es google, cualquiera pone lo que quiere no importa si esta mal o bien. Piense en los niños q busquen informacion de el y se encuentren con esto, haber señor gaucho.

 
At 5/24/2010 02:09:00 a.m., Blogger Gustavo said...

Lucía,se nota, sos española y lo peor: atrasás,sos colonialista...no se puede esperar nada menos parcial de tus argumentos.

 
At 5/24/2010 02:10:00 a.m., Blogger Gustavo said...

Ah, lo de gaucho te lo podés guardar, Gallega!

 
At 5/24/2010 02:11:00 a.m., Blogger Gustavo said...

Otra cosa: ya que hablás tanto de cultura aprendé a escribir: no es "haber" es "a ver" Bestia!

 

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