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domingo, septiembre 10, 2006

Pepe Nun y la Biblioteca Nacional (2005)

Pepe Nun y la Biblioteca Nacional por Eduardo R. Saguier Tengo el deber de dirigirme a Vd. con el propósito de instarlo a tomar el caso de la Biblioteca Nacional en sus propias manos a los efectos de intentar salir del patético estancamiento intelectual que padece el país. Sr. Secretario de Cultura de la Nación Dr. José Nun De mi consideración: Tengo el deber de dirigirme a Vd. con el propósito de instarlo a tomar el caso de la Biblioteca Nacional en sus propias manos a los efectos de intentar salir del patético estancamiento intelectual que padece el país. La Biblioteca Nacional está actualmente postrada, sin aliciente ni esperanza, en manos de aspirantes a parlamentarios sin vocación alguna por las letras ni por la ciencia; ausente de todo contenido bibliográfico actual o reciente, de al menos habla hispana, y totalmente huérfana de conexión con la redes de comunicación electrónica del mundo. Cuando cualquier mortal letrado penetra en su inmenso salón del 5º piso se asombra por la escasísima concurrencia de lectores, y la enorme capacidad ociosa que reina en sus espacios físicos. Esta triste descripción de su estado actual puede y debe remontarse, sin grandes erogaciones, las cuales deberían salir de las retenciones agropecuarias y del inmenso superavit fiscal actual. La Secretaría de Cultura de la Nación, que Vd. preside, debería convocar sendas licitaciones para adquirir toda la producción bibliográfica de las editoriales de habla hispana más relevantes, como así también para proveer un servicio de conexión a Internet para uso del público usuario. Estas dos reivindicaciones tan caras para la cultura argentina pero de tan poco lucimiento mediático deben ser encaradas en forma urgente e impostergable. Llama poderosamente la atención que habiendo Vd. dedicado toda su vida a la cultura y a las ciencias sociales no se conmueva por esta situación de desolación y anemia cultural y bibliotecológica, y que los pocos recursos con que cuenta la Biblioteca Nacional se gasten en conferencias, homenajes y simposios, para alimentar la vanidad de unos pocos que medran del poder mediático de la institución, y no encare de una vez por todas la reivindicación de fondo. La Biblioteca Nacional debe estar eminentemente destinada a engrosar el patrimonio bibliográfico del país, y a prestar a su pueblo culto y lector un servicio acorde con las aspiraciones de una nación que quiere alcanzar la sociedad del conocimiento, y muy supletoriamente la función de divulgador y organizador de efemérides y homenajes. Todo ciudadano culto del país debe tener la certeza de que en su Biblioteca Nacional podrá hallar al menos las obras de los intelectuales de habla hispana, y que cuando visite sus salones podrá a su vez conectarse con la red de redes, lo cual a su vez le servirá de estímulo para investigar en dicho repositorio. Entiendo Prof. Nun, que su credibilidad y su prestigio están aquí en juego, y que de no estar dispuesto a asumir esta responsabilidad y este desafío, por mera honestidad política, debería dar un paso al costado. Sin otro particular, le saluda Eduardo R. Saguier Investigador Independiente del CONICET E-MAIL: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org agrega un comentario Falta de coherencia Por Normavik Resulta doloroso, como lectora y como bibliotecóloga, éste relato. Pero necesario, pues no escapa a nadie la desesperante realidad de nuestras bibliotecas. El caso por excelencia, es como lo muestra el comentario inicial la Biblioteca Nacional, donde los encargados de llevarla adelante son -mayoritariamente- cargos ocupados por favores políticos, inclusive su dirección no la lleva adelante un bibliotecólogo, licenciado en bibliotecología y documentación (quizás no todos sepan que existe una carrera universitaria, terciaria en bibliotecología y documentación). Como decía, el cargo máximo lo lleva adelante un librero exitoso, que sin poner en duda su capacidad gestora, no deja de ser un acomodo político que nos da muestra de la falta de políticas claras de información. (es como poner a un excelente vendedor de planes de medicina pre-paga a cargo de un hospital). De ahí para abajo, el resto de los cargos, no son por concurso (como prometió hace mucho Ibarra), ni se prima ni reconoce la tarea de los bibliotecarios -que pocos, pero los hay- desarrollan tareas concretas. No existe escalafón que reconozca su especialidad. Y si ésa es nuestra biblioteca nacional, que debería conservar y preservar el acervo nacional, ni les cuento lo que pasa en otras como la del Congreso (que debe asesorar a los que legislan) el poder acceder a un cargo, es mucho más por acomodo que por estudio (sólo basta recordar al hijo de Luque que cobraba un sueldo que le permitía viajar seguido a Catamarca y encima costearse una universidad paga, en cualquier cosa menos documentación o bibliotecología). En fin, incoherencias de nuestro país. O quizás, no, quizás sean actitudes coherentes con lo que a políticas de información se lleva adelante. ¿no? Norma. Lic. en Bibliotecología y Documentación Fuente: CMAQ-8-X-2005

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