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sábado, septiembre 16, 2006

La Democratización de la UBA (2006)

La Democratización de la UBA exige la del CONICET (2006) A propósito de la lucha por la democratización de la UBA, es decir por la democratización directa en la elección del Rector y por la ampliación delsufragio para que comprenda también a los profesores interinos, me pregunto ¿basta ello para democratizar la generación de conocimiento en Argentina? ¿basta con haber hecho caer la candidatura de un Procesista para emancipar a nuestros docentes de las reminiscencias dictatoriales? Teniendo en cuenta que la mayor parte de los profesores titulares regulares con dedicación exclusiva, de las Universidades Nacionales, son a su vezInvestigadores de Carrera del CONICET ¿puede considerarse que dichosprofesores universitarios cuentan con libertad académica e independencia decriterio en materia de política científica? ¿puede creerse que dichosprofesores-Investigadores están exentos del temor a que sus Informes Periódicos sean rechazados, y que sus requerimientos de promoción o ascenso sean cajoneados? ¿puede concluirse acaso que los profesores-Investigadores de la UBA son en realidad rehenes del Poder Ejecutivo Nacional? ¿pueden los estudiantes de la UBA y los dirigentes de la FUBA depositar su confianza en docentes --muchos de los cuales son Consejeros Directivos y Superiores- que carecen de independencia académica? ¿No será necesario entonces que la FUBA tome cartas en esta grave cuestión que hace a la autonomía universitaria y a las libertades académicas y extienda así la lucha democratizadora más allá de la elección del Rector alcanzando incluso los órganos de poder del CONICET? Estos últimos, el Directorio y las Comisiones Asesoras del CONICET son deuna naturaleza profundamente antidemocrática y totalmente ausentes detransparencia, al extremo de integrar sus filas con personajes del Proceso y toda suerte de cortesanos del poder, y encubrir asimismo actos de corrupción que han sido hasta hoy imposibles de investigar. Por un lado, la mitad de su Directorio tiene un origen puramente corporativo (instituciones representativas de la industria, del agro, de las provincias y de las universidades); y por el otro, la segunda mitad tiene una representación periódica fragmentada en cuatro (4) ÿreas delconocimiento totalmente incomunicadas entre sí. Si bien la elección quedesigna a los representantes Coordinadores de estas cuatro (4) áreas es de naturaleza directa, está estrictamente fraccionada en sus listas ypadrones en cuatro áreas de conocimiento; y sus candidatos son segregados por regiones geográficas, y son restringidos a las dos (2) jerarquías más altas del escalafón científico. El régimen electoral debería estar entonces constituido con listas únicas ysin distinción de disciplinas ni regiones, que democratice y nacionalice su representatividad, y extienda el voto pasivo a las demás jerarquías inferiores, mediante el sistema de la lista incompleta con mandatos para mayorías y minorías, de modo de movilizar las inteligencias y generar en las respectivas campañas electorales (se renuevan por mitades cada cuatro años) discusiones y debates acerca de las futuras políticas científicas a fomentar e implementar, que tomen al conocimiento científico como una unidad crítica y no como compartimentos estancos, corporativos, regionalizados y clientelizados. En ese sentido, el régimen electoral en el CONICET se asemeja en gran medida al vigente actualmente en la UBA donde si bien la elección del Rector es indirecta el padrón y las listas de electores estáncorporativamente divididas por Facultades, de manera tal que sus filasse hallan totalmente fragmentadas, en un espacio académico a su vez geográficamente parcelado en un archipiélago urbano cuyas distanciasfísicas son imposibles de salvar. Eduardo R. Saguier e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org Comentarios y Réplicas Esta claro que la Asamblea de la UBA ha sido impugnada, que el Estatuto no va mas, y que es necesario modificarlo, y que las elecciones practicadas en base al mismo, si bien legales, ya no son legítimas, porque han sido cuestionadas ya no por un grupúsculo, sino masivamente por el estudiantado en las calles de Buenos Aires, reunidos en estado de asamblea, cuando se repudio la patoteada fascista de los sectores reaccionarios de APUBA. Es preciso entonces reconocer el estado de asamblea, y establecer un mecanismo de excepción por el cual en un plazo perentorio de sesenta (60) días una Comisión redacte las modificaciones al Estatuto, incorpore la elección directa de Rector, Decanos y Consejeros Superiores y Directivos, la someta a aprobación plebiscitariamente, y de resultas de ello convoque nuevamente a elecciones. Eduardo R. Saguier e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org Estado de Excepción en la UBA Algunos críticos adoptan en sus comentarios consciente o inconscientemente la noción de estado de excepción que desarrolla Giorgio Agamben en su conocido libro Estado de Excepcion, para quien los estados de excepción contemporáneos imitan la institución romana del iustitium, “…una suspensión de todo orden legal que creaba un verdadero vacío jurídico. Los estados de excepción no tienen, entonces, nada de constitucional. No hacen más que suspender toda legalidad, dejando a los ciudadanos a merced de lo que él llama poder desnudo" (Heiss, 2005). Es decir, para la politóloga Claudia Heiss (2005), en Agamben los criterios de temporalidad y extrema necesidad o situaciones de emergencia, que son causas del estado de excepción, “…están sorprendentemente ausentes del análisis”. Según Heiss, Agamben “…no contempla la posibilidad de que el vacío legal provenga de factores externos al Estado o al sistema jurídico mismo, y que el estado de excepción sea un intento por cerrar ese vacío y restablecer la legalidad”. Para Agamben, la declaración de la excepción es siempre “…la que genera ese vacío, independiente de las causales de necesidad esgrimidas para convocarlo” (Heiss, 2005). En el proceso de exponer este nuevo paradigma, para Agamben, los hechos empíricos tienen “…un valor más anecdótico que científico” (Heiss, 2005). Eventos y aspectos que como el que en estos momentos de la universidad argentina nos están angustiando y que podrían en el futuro interesar a historiadores o cientistas políticos son tratados por Agamben “…como meras digresiones del argumento central. Es el caso, por ejemplo, del sustancial apartado que reconstruye la historia de los estados de excepción en Francia, Alemania, Suiza, Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos. A pesar de ocupar casi un quinto del texto, la sección no tiene el estatus de un párrafo central del argumento -todos los párrafos están numerados- sino que aparece como una nota al margen” (Heiss, 2005). Eduardo R. Saguier Claudia Heiss--Ciencia Política--New School UniversityRevista de Ciencia Política / Volumen 25 / Nº 1 / 2005 / 287 - 288 RECENSION de Agamben, Giorgio. 2005. State of Exception. University of Chicago Press, 104 pp. Vacío de Poder en la UBA Otros criticos se niegan a entender que los vacíos de poder son una realidad histórica, con independencia de quienes la exploten, aprovechen, o esgriman como excusa para llenar el espacio desocupado. Ejemplos de vacíos de poder en la historia de la humanidad hay centenares o miles, como los hay también en nuestra misma historia, los que pudieron haber sido provocados por cambios culturales, sociales o políticos; por derrotas militares; o por desaparición física de liderazgos. Como calificar sino los momentos inmediatos a la muerte de Alejandro, que produjo el colapso del imperio macedónico, o la de Julio César que provocó el desplome de la República Romana, o la caída de Constantinopla en 1454, o la muerte de Carlos II El Hechizado en 1700, que desató la Guerra de Sucesión de España, que se selló recién trece años más tarde con la Paz de Utrecht (1713), sino como vacíos de poder. O fenómenos más abarcadores como el Renacimiento, la Reforma Protestante o la Revolución Industrial, también engendraron episodios que pueden ser calificados como vacíos de poder. En América, el derrocamiento de Porfirio Díaz en México (1911), en Brasil el suicidio de Getulio Vargas en 1954, en Haití la huida de Jean-Claude Duvalier, y en Paraguay el asesinato del Vicepresidente Argaña en 1999 también desataron vacíos de poder. Y en Argentina, el motín de Arequito en 1820, la renuncia de Juárez Celman en 1890, y la derrota de Malvinas en 1982 también desataron vacíos de poder. En todos estos casos, los estados de excepción, ya fueren armisticios, tratados de paz, o cambios de formas de estado o de gobierno (erección de imperios o repúblicas), fueron intentos por cerrar esos vacíos institucionales y restablecer una o cierta legalidad, por más tenues que fueren. A propósito del vacío de poder generado por la modernización, según Salvador Martí i Puig, en su libro ¿Promesas Incumplidas?, en la propia obra de Huntington (1968:404) titulada Political Order in Changing Societies (El orden político en las sociedades en cambio)- se concluye con un tono de advertencia (1968:404) que reza: "La modernización social y económica quebranta antiguas pautas de autoridad y destruye las instituciones políticas tradicionales. No crea por fuerza nuevas pautas de autoridad o nuevas instituciones políticas. Pero engendra la abrumadora necesidad de unas y otras, al ampliar la conciencia y la participación políticas. Lo quisiera o no, Estados Unidos ayudó a movilizar a las masas para la actividad política en Asia, África y América Latina. En forma consciente o no, otros grupos hicieron mucho para organizar esta movilización. "El proletariado no tiene otra arma en la lucha por el poder, salvo la organización –dijo Lenin en 1905-;… el proletariado puede llegar a ser una fuerza indominable y lo será, sólo como resultado de ello". La organización es el camino al poder político, pero es también la base de la estabilidad política, y por consiguiente la condición previa de la libertad política. El vacío de poder y autoridad que existe en tantos países en vías de modernización puede ser llenado temporalmente por un liderazgo carismático o por la fuerza militar. Pero sólo la organización política puede llenarlo de forma permanente. O bien las élites establecidas compiten entre sí para organizar a las masas por medio del sistema político existente, o las élites disidentes las organizan para derribar ese sistema. En el mundo modernizador, el que organiza su política es el que controla el futuro". Para arribar a nuestra propia realidad cultural-universitaria, podemos concluir que o bien la elite académica establecida hegemoniza el sistema de gobierno por medio del Estatuto existente, o bien la elite disidente liderada por la FUBA organiza a los estudiantes y docentes opositores para modificar el actual sistema. Eduardo R. Saguier e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org Las Instituciones Viven, se Envilecen y Mueren Ciertos intelectuales se empecinan en desconocer el curso del tiempo y la sucesión de la historia, así como la naturaleza efímera de toda creación humana. Pareciera creer, que a su juicio las instituciones son eternas, que las mismas no han sido fruto de un nacimiento o fundación, y que por tanto nunca enferman y jamás mueren. Sin embargo, es preciso insistir que las instituciones, que son una creación humana, tienen vida propia, pero no con esperanza de vida infinita, sino que mal que nos pese, las instituciones también mueren. En ese curso de vida todas las instituciones, ya se trate de la familia, la tribu, la dinastía, el estado, la iglesia, el parlamento, la escuela, la universidad o el ejército, así como sus creencias y formas de expresión, dominio y gobierno (lengua, propiedad, literatura, danza, canto, democracia, discurso y elección de autoridades) sufren todo tipo de vicisitudes y crisis. Citando a Mary Douglas podemos mencionar que las instituciones también pueden recordar y olvidar (Douglas, 1986, 163). Vale apuntar asimismo que las instituciones alcanzan en el curso de su vida, por obra exclusiva de quienes las integran, la fama y la gloria, así como la mediocridad, y también la vergüenza, la indiginidad y la ignominia, siendo estas últimas las que las lleva a un proceso de paulatina impotencia, esterilidad, extinción y deceso final. Entre las vicisitudes mencionadas, las instituciones experimentan crisis de crecimiento así como crisis de envejecimiento, las cuales puede que lleguen a ser meramente transitorias o provisorias, o que por el contrario alcancen a ser definitivamente terminales. Cuando las crisis son de envejecimiento, es decir cuando las instituciones se anquilosan, se desactualizan, y se vuelven endogámicas; les entra temor al cambio, se dividen en lucha fratricida, y se gangrenan o corrompen. Ante el fin inevitable, sus integrantes supervivientes más dignos se niegan a admitirlo, y entonces no les queda otra alternativa, si quieren enaltecerlas, que acudir a su reforma o refundación. Cómo y de qué manera innovar, reformar y/o refundar instituciones envejecidas y/o corrompidas debería ser la trama que convoque y desafíe a nuestro dirigentes. Entre esas instituciones corrompidas lamentablemente descuellan nuestras universidades, y la UBA en especial. Ese envilecimiento crónico de valores y prácticas académicas es lo que las ha despojado de su verdadera autonomía y de sus auténticas libertades académicas, y lo que nos debe hacer tomar conciencia de los motivos reales por los que, a pesar del casi medio siglo transcurrido, nuestra Universidad aún no haya podido recuperarse de la infausta Noche de los Bastones Largos, cuya prueba más manifiesta ha sido la reiteración en la Facultad de Medicina de dicho aciago y traumático episodio. Para esa tarea reparadora, y para esa imprescindible empresa reformadora, es que invito a participar, con su presencia y juventud, a todos los profesores con espiritu critico, lo que sin duda contribuirá a revivir el sueño --hoy desvanecido-- de Avellaneda, Deodoro Roca, Risieri Frondizi y Santiago Pampillón. Les saluda, Eduardo R. Saguier e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org Fuente: Pol-Cien-IV-2006

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