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domingo, agosto 27, 2006

Porto-Salonia o Jano Bifronte (2003)

Porto-Salonia o Jano Bifronte (VI-2003) A propósito de aquellos que han depositado efusivas expectativas en las designaciones producidas en el ámbito educativo, es nuestra responsabilidad advertir que los verdaderos cambios no son los que consisten en nombramientos de personas, por mas idóneas y honestas que estas fueren, sino aquellos otros que generan en la estructura del estado transformaciones de fondo de tal envergadura, que renueven viejas instituciones o en su defecto impulsen otras nuevas, que reparen las injusticias del pasado y hagan imposible el retorno de sus fantasmas.Es en ese sentido, que nada sirve poner en comisión a un centenar de jueces, médicos y docentes, o dar de baja a un centenar de generales, si aquellos nuevos jueces, médicos, docentes y generales, que los habrán de reemplazar, arrastran consigo los mismos o peores vicios y taras estructurales que sus predecesores; ¿cómo hacer entonces para atacar las causas profundas que generan dichos vicios y taras, que permanentemente corroen las filas de nuestros graduados universitarios y de nuestros eventuales integrantes de la burocracia estatal? Primero que nada, habrá que localizar, cual un médico clínico, donde y en que espacios residen los focos infecciosos que crónicamente reproducen la hidra de la degradación. Un primer diagnóstico nos indicaría que dichos focos residen en las Asociaciones Profesionales o Colegios de Graduados, espacios donde los aspirantes a cubrir las vacantes de la administración pública se agremian, y donde dirimen electoralmente sus permanentes luchas por viejos y nuevos espacios o polos de poder. Se dirá entonces que nuestro drama institucional se resolvería interviniendo a dichos organismos para oxigenarlos de forma tal que dando baraja nuevamente sería posible lograr los cambios anhelados. Sin embargo, la experiencia nos recuerda la frustración que significó esta estrategia, pues los cuadros que vinieron a reemplazar a los antiguos reprodujeron las mismas lacras y que incluso las agravaron. Acudiendo nuevamente a la metáfora clínica, en un segundo diagnóstico, este nos revelaría que la madre del borrego está en los contenidos de la educación y en sus estructuras de poder y no en el recambio personal o generacional, es decir en la formación ética, humanística y científica que reciben nuestros graduados, en las expectativas vocacionales que dicha formación les pueda inspirar, y en la estructuración de sus diferentes poderes académicos. Ahora bien, ¿dónde se forman nuestros jueces, nuestros médicos, nuestros educadores, y nuestros militares? Nos contestarán que se forman en universidades y establecimientos especiales, sin vinculación institucional alguna entre sí, y que los mismos son provistos con dotaciones docentes reclutadas corporativamente. Pues bien, en esta sincera respuesta se halla el meollo de la cuestión. La educación de la intelligentzia argentina está en manos de una elite elegida corporativamente, donde las asociaciones gremiales, el Episcopado Argentino, las Academias Nacionales, las Cámaras del Congreso Nacional, y un internismo feroz y endogámico, son los que cortan el bacalao. Pruebas al canto. La universidad pública argentina está regida, en su diagrama de poder, por un cogobierno cuyo estamento docente está integrado por aquellos profesores regularizados mediante concursos de oposición y antecedentes, evaluados por Jurados cuya selección y comportamiento carece de supervisión o control ministerial alguno, y está representada exterior e institucionalmente por sus Rectores. Dichos Rectores se hallan a su vez agrupados corporativamente y en igualdad de condiciones y prerrogativas (asimetría institucional entre universidades cuyas matrículas son absolutamente desiguales) en una institución de segundo grado denominada Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la cual tiene su sede central en la Academia Nacional de Educación, sita en Pacheco de Melo 2084, de esta Capital, lugar donde se celebran sus Plenarios de Rectores, y desde donde opera su Comité Ejecutivo y sus Comisiones Permanentes. Esta ignota y corporativa institución, nacida en 1986, fue catapultada al poder académico nacional sobre la base de acuerdos preestablecidos desde la fecha de su creación, por medio de la Ley de Educación Superior 24.521, que fue sancionada y promulgada en 1995, la cual facultó a sus autoridades, en sus artículos 47 y 72, para: a) participar en el Consejo de Universidades que preside el Ministro de Educacion; b) integrar conjuntamente con el Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP), con tres (3) representantes cada uno, y con la Academia Nacional de Educación (un representante) el Directorio de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), compuesto de doce (12) miembros; y c) emitir pública opinión acerca de numerosos items, tales como la creación y cierre de instituciones universitarias nacionales, las actividades de acreditación y evaluación de la CONEAU, y las políticas de evaluación y autoevaluación externa de sus miembros. En cuanto a la institución anfitriona, que es la Academia Nacional de Educación --aparte de su representación en la CONEAU, conjuntamente con el CIN y la CRUP-- no nos ha sido posible visualizar otros lazos que la unan al CIN, salvo la cohabitación en un mismo inmueble propiedad del estado, y los incontables y ocultos lazos informales que los agruparían. Estas sospechas se cimentan en la identidad de su Presidente (Avelino Porto), estrechamente vinculado al empresariado universitario privado y exMinsitro Menemista, quien preside dicha Academia ininterrumpidamente desde su creación en 1984, hace casi veinte años; así como en la identidad de los miembros de su Comisión Directiva, la cual se encuentra integrada, también desde su creación, por exministros responsables de las sucesivas políticas que llevaron a la destrucción de la educación argentina (Antonio Salonia, Alberto Taquini, van Gelderen, etc.). La circunstancia de que tanto Porto como Salonia hubieren integrado el gabinete del primer gobierno de Menem, que fuere Salonia el responsable de haber elevado la posteriormente consagrada Ley Federal de Educación 24.195 de 1993, y que su colega en el gabinete renunciara al mismo apenas Salonia lograra su objetivo legislativo, nos revelan su muy estrecha vinculación e intereses, que nada tienen que ver con la ciencia educativa, a la que supuestamente la Academia Nacional de Educación está consagrada y debe servir. Las preguntas finales a formular serían entonces ¿es posible admitir que un organismo con facultades electoras, que tiene la atribución de elegir representantes ante otros niveles y organismos del estado, como es el caso de la Academia Nacional de Educación que escoge su propio delegado en el Directorio de la CONEAU, tenga por Presidente y miembors de su Comisión Directiva las mismas personas que vienen operando desde hace casí dos décadas? ¿es posible que estos organismos del estado, como las Academias Nacionales, convivan con los representantes de las Universidades Nacionales y paralelamente cuenten con autoridades cuasi-vitalicias, malversen sus funciones puramente académicas, padezcan de una vida enteramente endogámica, y carezcan del más mínimo control democrático por parte del Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo? ¿No estaríamos en el caso de la Academia Nacional de Educación --por ser su Presidente el Rector y propietario de la Universidad de Belgrano, y por consiguiente uno de los miembros plenos del CRUP-- frente a una suerte de Jano Bifronte, que estaría incurriendo en la inmoral falta de imparcialidad de ser y haber sido simultáneamente juez y parte interesada en el accionar procesal del mismo organismo invalidando así de nulidad absoluta sus actos y resoluciones? ¿No tendría el actual Ministro de Educación del gobierno de Kirchner la obligación de denunciar la representación de la Academia Nacional de Educación frente a la CONEAU? Cordialmente, Eduardo R. Saguier e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org

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