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miércoles, agosto 02, 2006

El Cortesano Colaboracionista (2006)

El Cortesano Colaboracionista (VII-2006) ¿En que consiste la condición de cortesano colaboracionista (de ahora en mas C-C) en el mundo académico argentino actual? ¿a que obedecen sus rasgos y características? Estos son interrogantes que necesariamente debemos formularnos no solo para poder sobrevivir con integridad sino también para poder servir a nuestros colegas y compañeros dispuestos a sobrellevar la adversidad. En efecto, la figura del C-C en los ambientes académicos argentinos ha logrado penetrar la conciencia individual de muchos colegas, desesperados por hallar un nicho donde participar del festín del poder; así como también ha horadado la conciencia colectiva de numerosas instituciones culturales. ¿Cuáles son los elementos que revelarían la aparición de estos síntomas de claudicación moral? Bueno, en este inventario-diagnóstico la panoplia de ingredientes que alimentan la dieta capituladora pueden llegar a ser infinitos. Pero a nuestros propósitos podemos reducirnos a un número reducido pero significativo de conductas que delatarían un compromiso sordo con el establishment. Esas conductas comenzarían a esbozarse con una pertinaz voluntad de evitar los conflictos. Al compás de esas gambetas y omisiones el C-C debe tratar por todos los medios que las autoridades de turno lo vean en posiciones conciliadoras que no cuestionen las reglas de juego imperantes, con voluntad de colaborar en cuanto emprendimiento, asesoría o apoyo técnico le sean solicitados, y bien acompañado con cómplices afines. De esa forma, callando, otorgando, colaborando y construyendo una cadena de la felicidad, el C-C podrá ir aspirando a participar con alguna perspectiva de éxito en cuanto concurso, comité o candidatura se abra en el campo de conocimiento afín. Más aún, el C-C debe a su vez actuar como Comisario del Pensamiento, combatiendo todas aquellas conductas críticas que puedan molestar a las autoridades vigentes. Con el tiempo, el premio aparecerá, y será invitado al nombramiento de cuanta autoridad asuma, y su persona reverencialmente consultada en los salones alfombrados. En esta tarea entre policial y protocolar, se debe a toda costa aislar a las voces críticas, conminándolas al silencio, primero con amenazas y amedrentamientos, y luego con medidas disciplinarias y castigos, evitando así que puedan asomar los que pretendan solidarizarse con los perseguidos. Cordialmente, Eduardo R. Saguier e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org

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