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sábado, agosto 26, 2006

El Camino de la Dictadura (2006)

EL CAMINO DE LA DICTADURA. PARAFRASEANDO LA GENEALOGÍA DE LA TRAGEDIA ARGENTINA (VIII-2006) Trayendo a colación un viejo y anónimo documento de más de cien años (7-IV-1896) --originado en la situación de descomposición política y moral que llevó primero al suicidio de L. N. Alem y más luego al segundo mandato de Roca cuya gestión fortaleció un régimen pretoriano fundado en la Paz Armada con Chile—tenemos el deber de hacer llegar a nuestros conciudadanos una versión parafraseada del mismo, de forma tal que se acomode a la amenazante situación vigente en nuestro país, donde al estar todos nosotros “... tan empequeñecidos por el rebajamiento moral, los pigmeos se han tornado gigantes, con solo tener un poco de habilidad para explotar las pasiones y las miserias de la época”. Para dominar a un pueblo “…que fue altivo y soberbio, ya no se necesitan las cualidades excepcionales de los grandes déspotas: un politiquero audaz, adornado con falsas prendas políticas, es dueño de todas las situaciones de provincia, ejerce influencia prepotente en la marcha del gobierno general y se prepara a arribar al solio de la dictadura. Los esfuerzos aislados y desordenados del pueblo que aun conserva una noción de su dignidad y de sus deberes, son vencidos fácilmente y no constituyen ni una débil barrera”. Por ello creemos que “…como los hongos crecen en la humedad y en la sombra, así las raíces de las dictaduras se afirman y extienden al amparo de la indiferencia y del enervamiento de los ciudadanos. Así nace el árbol funesto, cuya sombra mata la honra, la libertad y la gloria de un pueblo: el árbol que no es posible derribar con el golpe paciente del leñador, sino con el rayo de las negras tempestades”. La desviación del sistema republicano de gobierno es cada vez más profunda, y a ella se habitúa el pueblo con facilidad creciente. Los ciudadanos han perdido la fe en las instituciones, la confianza en el esfuerzo ordenado y pacífico, hace tiempo que no creen en la independencia de la justicia, ni en la educación libre y gratuita, ni en la autonomía universitaria, ni en el monopolio de la violencia legítima, que supuestamente salvaguarde su seguridad individual y colectiva; “…no hay entusiasmo y no alumbra ya la luz de los grandes ideales: no hay ni la sombra de las virtudes y todas las debilidades y todos los vicios triunfan, adornados con las galas de un progreso material y tecnológico que olvida el alma del pueblo y destruye la fuente de las grandes acciones”. Es inútil querer “…ensañarnos a nosotros mismos: nuestro progreso material oculta una profunda decadencia cívica y cultural, una gran perversión moral. Nos acercamos rápidamente a la dictadura, a la dictadura de los pequeños, porque ya los argentinos no somos capaces de alimentar gobiernos de grandeza trágica, sino tiranías obscuras, llenas de ignominias y ultrajes a la dignidad humana, tiranías venales, canallescas, calculadoras y cobardes”, al colmo de haber atado sus pendones al carro de los eternos vencedores de la tierra. “Una irrisible armazón, un espantajo semejante al que los chacareros ponen en sus sembrados para ahuyentar las aves dañinas, nos infunde pavor, nos domina; el pueblo, en su caída, ve agrandados los objetos, y confunde al Dr. K con un gigante, contra el cual es inútil todo esfuerzo, y se echa boca abajo en tierra, sin atreverse a hacer un movimiento en contra de una sombra”, que se asemeja cada vez más a un fantasma¡ Sí: nos acercamos rápidamente a la dictadura que tendrá el nombre oficial de segunda presidencia del Dr. K. Hoy mismo la tenemos realizada en gran parte, en el terreno de los hechos, como en el dominio moral. Todos los actuales gobernadores de provincia, gran parte de los intendentes de administraciones comunales, están preparados y decididos a hacer triunfar la candidatura del Dr. K: lo dicen sin reparo, como la cosa más natural del mundo y como si se tratara de algo decretado por la providencia. El Congreso, que no representa ni una mínima fracción del pueblo argentino, seguirá obedeciendo ciegamente las órdenes del Dr. K, sirviendo su política y dando el sello de legalidad a sus maquinaciones y maniobras. Los que capitularon con las Leyes del Perdón, los que pactaron con el Neoliberalismo, y los que alquilaron intelectuales extra-partidarios de ideología Schmittiana para escribir sus discursos presidenciales, no se arrepienten de sus claudicaciones, ni ensayan una autocrítica, y solo están detrás de la repetición de sus funestos errores. La administración nacional, el mismo ejército que fue genocida y que aún hoy no ha ensayado su impostergable democratización interna, son poderosos auxiliares del politiquero astuto, que por medio de empleos, de concesiones, de subsidios y de grados, sabe aumentar sus prosélitos. No se castiga a los grandes delincuentes, a los que comerciaron con la cosa pública, a los que defraudaron los intereses del fisco (Blindaje, Mega-canje), a los que se han enriquecido en las oficinas y dependencias de todos los ministerios, aunque haya perfecto lugar para una acusación, un proceso y una condena. El Dr. K conoce el grado de corrupción a que han llegado sus compatriotas, y al mismo tiempo que los intimida con la fuerza que se desprende del manejo discrecional de los dineros públicos, explota su sensualidad, indiferencia y necesidad: en este triste extremo nos encontramos y mañana seremos esclavos ignorantes, vestidos de seda, con computadoras, con casinos, con riquezas; pero rehenes y esclavos al fin. Por último, recordando las lecciones de la historia, y teniendo en cuenta la naturaleza humana, nuestro modo de ser, nuestro grado de cultura, podemos afirmar, sin temor de equivocarnos, que en estos momentos se cierran todos los caminos de la democracia, y que han de ser imposibles de salvar mediante candidaturas y contubernios puramente electoralistas. Comité Investigador Club Político Callao 11 Secretaria General: González Ledo-Saguier Fuente documental: Apéndice A Apéndice A: “Camino de Dictadura”, El Tiempo (Buenos Aires), martes 7 de abril de 1896 Estamos tan empequeñecidos por el rebajamiento moral, los pigmeos se han tornado gigantes, con solo tener un poco de habilidad para explotar las pasiones y las miserias de la época. Para dominar a un pueblo que fue altivo y soberbio, ya no se necesitan las cualidades excepcionales de los grandes déspotas: un politiquero audaz, adornado con falsas prendas políticas, es dueño de todas las situaciones de provincia, ejerce influencia prepotente en la marcha del gobierno general y se prepara a arribar al solio de la dictadura. Los esfuerzos aislados y desordenados del pueblo que aun conserva una noción de su dignidad y de sus deberes, son vencidos fácilmente y no constituyen ni una débil barrera. Alas causas provenientes de nuestra propia sociabilidad, a los errores y las debilidades de las que somos responsables, se unen circunstancias excepcionales que facilitan el camino del más afortunado de nuestros politiciens. La reorganización militar, los amagos de un conflicto externo, que hieren vivan la imaginación popular, hacen olvidar los graves problemas internos y contribuyen poderosamente a acallar las iras que duermen en millones de pechos argentinos. Como los hongos crecen en la humedad y en la sombra, así las raíces de las dictaduras se afirman y extienden al amparo de la indiferencia y del enervamiento de los ciudadanos. Así nace el árbol funesto, cuya sombra mata la honra, la libertad y la gloria de un pueblo: el árbol que no es posible derribar con el golpe paciente del leñador, sino con el rayo de las negras tempestades. La desviación del sistema republicano de gobierno es cada vez más profunda, y a ella se habitúa el pueblo con facilidad creciente. Los ciudadanos han perdido la fe en las instituciones, la confianza en el esfuerzo ordenado y pacífico, no hay entusiasmo y no alumbra ya la luz de los grandes ideales: no hay ni la sombra de las virtudes y todas las debilidades y todos los vicios triunfan, adornados con las galas de un progreso material que olvida el alma del pueblo y destruye la fuente de las grandes acciones. Es inútil querer ensañarnos a nosotros mismos: nuestro progreso material oculta una profunda decadencia cívica y cultural, una gran perversión moral. Nos acercamos rápidamente a la dictadura, a la dictadura de los pequeños, porque ya los argentinos no somos capaces de alimentar una dictadura de grandeza trágica, sino tiranías obscuras, tiranías venales, canallescas, calculadoras y cobardes. Una irrisible armazón, un espantajo semejante al que los chacareros ponen en sus sembrados para ahuyentar las aves dañinas, nos infunde pavor, nos domina; el pueblo, en su caída, ve agrandados los objetos, y confunde a Roca con un gigante, contra el cual es inútil todo esfuerzo, y se echa boca abajo en tierra, sin atreverse a hacer un movimiento en contra de una sombra¡ Sí: nos acercamos rápidamente a la dictadura que tendrá el nombre oficial de segunda presidencia de Roca. Hoy mismo la tenemos realizada en gran parte, en el terreno de los hechos, como en el dominio moral. Todos los actuales gobernadores de provincia, están preparados y decididos a hacer triunfar la candidatura de Roca: lo dicen sin reparo, como la cosa más natural del mundo y como si se tratara de algo decretado por la providencia. El Congreso, que no representa ni una mínima fracción del pueblo argentino, seguirá obedeciendo ciegamente las órdenes de Roca, sirviendo su política y dando el sello de legalidad a sus maquinaciones y maniobras. La administración nacional, el mismo ejército, son poderosos auxiliares del politiquero astuto, que por medio de empleos, de concesiones, y de grados, sabe aumentar sus prosélitos. No se castiga a los grandes delincuentes, a los que comerciaron con la cosa pública, a los que defraudaron los intereses del fisco, a los que se han enriquecido en las oficinas y dependencias del ministerio de guerra, aunque haya perfecto lugar para una acusación y una condenación. El general Roca conoce el grado de corrupción a que han llegado sus compatriotas, y al mismo tiempo que los intimida con la fuerza que se desprende del manejo discrecional de los dineros públicos, explota su sensualidad, e indiferencia: en este triste extremo nos encontramos y mañana seremos esclavos, vestidos de seda, con ferrocarriles, con riquezas; pero esclavos al fin. La experiencia ha demostrado que en todo pueblo sólo hay un corto número de individuos capaces de todo, antes de dejarse subyugar y esclavizar, ellos salvan muchas veces a suscompatriotas, por la acción, y sobre todo por el ejemplo. ¿Los hay en nuestro país? Comoquiera que sea, y recordando las lecciones de la historia, y teniendo en cuenta la naturaleza humana, nuestro modo de ser, nuestro grado de cultura, podemos afirmar, sin temor de equivocarnos, que en estos momentos se cierran todos los caminos de la evolución.. Fuente documental: El Tiempo (Buenos Aires), martes 7 de abril de 1896

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